Hijos adoptados

Publicado en 5 Noviembre 2013


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HIJOS ADOPTADOS: EL MOMENTO DE CONTARLES
Pistas para saber explicarles toda la verdad

Por Lic. Claudia Nayar

"¿Mamá: estuve en tu panza?", le preguntó una niña adoptiva de 4 años a su madre luego de enterarse que su amiguita iba a tener un hermano. Por supuesto, la visión de la panza de la madre de su amiguita fue una ocasión imperdible para formular la pregunta. La madre a su vez se preguntaba: "¿Qué hago, le digo que es adoptada? Y si se lo digo, ¿estará en el momento preciso para poder entenderlo? ¿Tengo que decirle que estuvo en otra panza? ¿Y si le hace mal?

Estas y otras preguntas por cierto inquietantes y temidas se repiten en los padres adoptantes en determinado momento del desarrollo de sus hijos. Empecemos por desglosar el tema dado que la adopción no sólo se implica en el campo psicológico sino que es un hecho que tiene implicancias culturales y sociales, que va determinando transformaciones y múltiples organizaciones dentro de las familias que componen la comunidad.

Es así que respecto de esta clásica frase "tenemos que decirle la verdad acerca de su origen" se fueron escuchando diferentes posiciones que se transformaron a medida que cambiaron, entre otras cuestiones, el proceso de adopción, y esto sucedió no sólo en función de las modificaciones de texto de la ley (como sucedió en la Argentina y en otros países) sino también porque se han ido encontrando diferentes caminos para realizarla.

Hace algún tiempo los padres adoptantes frecuentemente desconocían el origen biológico del niño adoptivo, es decir no poseían datos identificatorios de la madre biológica con lo cual, el relato acerca de la adopción también contaba con esta ausencia de datos.

Luego los caminos para la adopción fueron diversificándose, hasta llegar a una situación más habitual en estos días; se trata de establecer en muchos de los casos, cierto contacto con quien va a parir al niño durante el período de embarazo. Situación que modifica también lo que los padres adoptantes cuentan al niño.

Antiguos silencios
A lo largo del tiempo aquellas ideas que postulaban el silencio o el ocultamiento, por parte de los padres, acerca del origen biológico del niño perdieron peso. Los padres, al fin y al cabo, llegaron a la conclusión de que esto puede perjudicar a sus hijos y a toda la familia (ya que todos deben ser cómplices). Atrás quedaron ciertos motivos o justificaciones, como: "no le voy a contar para no dañarlo", o bien, "¿ Para qué voy a hacerlo sufrir innecesariamente?".

Ciertamente esos silencios no sólo tenían por objetivo "evitarle el sufrimiento al hijo" -dolor que inevitablemente tarde o temprano aparecerá-, sino que también se basaron en una serie de temores de los padres. Estos miedos -que aparecen en todo padre que adopta a un hijo- giran por lo general en torno a dos cuestiones: la suposición de que una vez hecha la comunicación el niño querrá conocer a su padre/madre biológicos, y el temor que éste dejará entonces de querer a sus padres adoptantes.

Es importante resaltar que el deseo de "saber acerca de" es absolutamente normal y sano en un niño y no tenemos por ello que suponer que desea conocer a la madre biológica.

Otra de las posiciones que con el tiempo dejó de escucharse es aquella que sostenía que "la confesión" sería algo así como "tomo coraje se lo digo de una vez para siempre y ya está". Esto dejaba de lado todos los cuidados y las formas que se deben tener en cuenta en ese momento clave.

Los motivos
Pero lo que habitualmente se escucha es que los padres adoptantes creen conveniente hacer ese relato por los siguientes motivos:

-Quieren decírselo en tanto esta información pasa a integrar la historia del niño, la de ellos y la de la familia que forman. Porque igual se van a enterar dado que otros pueden contárselo.

-Porque tener un secreto complica la escena familiar.

-Porque además la comunidad legitima hoy ese saber, siendo un derecho del niño conocer su realidad biológica.

Las dudas
Bien, retomemos las preguntas que inquietaban a esta mamá. Básicamente las dudas pasaban por cuándo, qué y cómo contarle. Sabemos que un niño no tiene aún las palabras precisas, adecuadas, para hacer saber lo que le pasa o abordar sus inquietudes. Sin embargo juega aunque aparentemente sus juegos no tengan demasiado que ver con la realidad de los mayores.

Las escenas lúdicas les permiten muchas veces hacer llegar diferentes interrogantes. El niño adoptivo a veces pregunta y a veces no lo hace directamente. Por ejemplo: pregunta por enigmas de la naturaleza, por los hábitos y las costumbres de los animales. Es decir: muchas veces preguntan sobre ellos preguntando por otras cosas.

Entonces la capacidad de registrar el momento en el que el niño está dispuesto a escuchar ese relato -relato que merece ser dado a través del tiempo- está en los padres. Aunque el niño no pregunte, si los padres registran esta necesidad de recibir información pueden tomarse de un acontecimiento cercano para abrir el juego. Puede ser un nacimiento, un embarazo, etc.

El relato
Pero, ¿qué contarle? No hay un criterio general, una norma que puede ser usada en todas las familias. En términos generales podríamos decir que depende del niño: según la edad, si es niño o adolescente, por caso. Y también de los padres:del grado de aceptación de lo que les ha tocado vivir, del tipo de experiencia pasada, de la posibilidad que tengan los padres adoptantes para enfrentar el dolor de tener presente en el relato la condición que los ha llevado a tomar esa decisión (por ejemplo la esterilidad).

A su vez, el relato depende del lugar que se le ha dado al hijo adoptivo dentro de la trama de sus deseos y en función de la filiación, de la genealogía. Y finalmente también depende del tipo de familia que hayan constituído: si hay hermanos adoptivos o no, del grado de aceptación de estos, etc.

Pero si bien son muchos los factores a tener en cuenta podríamos decir que el relato conviene que contenga, al menos, la siguiente información:

1- Que el niño creció dentro de una panza como todos los seres humanos.
2- Que la mujer que lo gestó no quiso ser mamá o no pudo cuidarlo pero que buscó para él o ella una mamá y un papá que sí querían serlo y que querían formar una familia que es la que tienen.
3- Es importante subrayar que se trata de una modalidad distinta de formar una familia. ¿Cómo decirlo? Sería interesante para el niño que pudiera situar una anterioridad a él/ella en el deseo de los padres: refiriéndose a un tiempo en que los padres deseaban tener un hijo y formar una familia. Luego podría situarse otro tiempo en el que fue buscado: según el caso contarle como se realizó esa búsqueda y finalmente situar el momento del encuentro.

Es importante que todas estas cuestiones puedan ser dichas con palabras que el niño pueda entender; y al mismo tiempo es importante tener cierta claridad en que este relato se va a ir ajustando al interés y al momento evolutivo del niño. Es por ello que no todas las preguntas deberán ser contestadas si los padres evalúan que aún no es el momento. El niño volverá a preguntar, retornará sobre algunos detalles y así el relato va a ir organizándose lentamente. Además es conveniente saber que en muchas ocasiones los niños van a dirigir sus preguntas o cuestiones a otros miembros de la familia (hermanos, abuelos, tíos...).

Nos encontramos frente a un relato que lejos de estar acabado requiere de ciertos espacios, pausas, énfasis que permitirán a cada uno de los padres ir encontrando las palabras adecuadas. Y así no hacer de la verdad, información o conocimiento, y no reducir al orden biológico lo más maravilloso y eficaz que éste tiene: su misterio. Para terminar quizás haya que remarcar que la dinámica de este relato debe responder a la transmisión de una maternidad y de una paternidad que decidió constituirse a partir del deseo de crianza. Adoptar un hijo es elegir una forma de la belleza. Es anudar la voz al amor, la voz al llanto, es anudar la voz y la sonrisa en ese relato

Escrito por Miralejos Padres

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